lunes, 8 de agosto de 2016



La soledad se manifiesta en los viejos
zapatos que adornaban macabremente las calles .
En el centro de las ruinas, me hallo perdido.
Todo mi mundo ha desaparecido.
Los abandonados edificios contienen las risas que ayer sabían despertar
mis sueños.
Ahora, no tengo más que un negro traje y un corazón que se va apagando
en medio del mortífero y silencioso desierto.
Los niños ya no juegan en las calles, el miedo de las bombas
hizo que todos se marcharan.
La guerra aún no ha termina. He oído que están negociando la paz.
pero para que engañarme, sé que soy el único que se ha salvado,
el resto ha muerto.
Solo escucho la voz re grabada de la vieja radio que al igual que yo
está muriendo.
Mis puños aprietan la empuñadura del arma, ya no tengo miedo.
Ya no hay nada que me aferre a este mundo.

JUAN ARÉVALO.

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