lunes, 22 de agosto de 2016
Cuando cierra sus ojos, figuras de todos los tamaños
vienen a su mente.
Ani, dice que las estrellas son los ojos del cielo y la luna
su nariz. A veces, cuando ríe sus cejas se arquean y los
grillos dejan de cantar. No siempre se la escucha reír.
Una resignación acumulada, de hace no tantos años, tiñe
sus pecas de una triste desolación.
Cuando la dejé en aquel orfanato mi mundo enteró se derrumbo.
Supe que nadie la reclamó, de sus padres no se sabe nada. Sospecho
que tampoco se preocuparon mucho por indagar a fondo su pasado.
A veces quiero iniciar su adopción, pero soy una mujer sola, con un
mal salario y apenas me levanto todas las mañanas. En el fondo yo
soy una pequeña Ani luchando por mi pobre supervivencia, en un mundo
cada vez más exiguo y bastante desdeñoso.
Ani, me contó de los enjambres de abejas que habitan su pequeño mundo,
abejas que ella les llama "hadas de la miel", a menudo le dejan flores y copos
de algodón que ellas mismas fabrican.
La noche que la traje a casa, mi vida cambió para siempre.
También me habló de los hombrecillos niños que había visto en aquella
fría baldosa. Hormigas muertas, silenciosos cuerpos que Ani exploraba la tarde
que la conocí. Ella los bautizó " hombrecillos niños ".
Cuando me hablaba de ellos, sus ojos se oscurecían, y los míos se humedecían
silenciosamente.
Poseo un pequeño living comedor, una cocina ,dos habitaciones y un baño con una
enorme bañera donde me gusta pasar varios minutos. En el patio trasero tengo un
pequeño jardín de rosas.¡ me encantan las rosas blancas ! Lo que tengo lo heredé de
mi madre cuando ella murió. Mi casa es bastante cómoda, tiene una gran ventanal
en el living que me permite contemplar la vida, cuando se levanta por la mañanas
y se acuesta por las noches. Atesoro 34 años y nunca he pensado en casarme.
Atiendo una tienda de zapatos, no tengo muchos amigos. Soy algo torpe y me gusta
escuchar música clásica.
Soy flaca, fumo muy poco y no tomo alcohol. Nunca tuve miedo a la soledad.
Pero, cuando me detuve en aquella esquina a contemplar la soledad de una pequeña
niña, mi piel dejo de emanar el perfume de las rosas, para emanar el dolor de una mujer
sola y cansada, que a medida que el tiempo avanza, más cruda se le hace la existencia.
Ani, tiene miedo de cantar por las noches, para no despertar a los monstruos
que habitan bajo su cama. Se duerme abrazada a sus cinco amiguitos. Ani ama
a su papá.
JUAN ARÉVALO.
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