jueves, 18 de agosto de 2016


La necesidad de ser dos en un solo cuerpo,
de unir nuestras nostalgias en una sola lágrima.
Esa necesidad de perdurar en el tiempo, sin cargar
los miedos que nos ahuyentan de las alegrías.
Te siento mía, hoy más que nunca.
Saboreo tu otro lado y me detengo en las
indiferencias de las flores que rodean tu ser,
cautelosas de tu belleza, se niegan ellas mismas.
El otro lado de tu cuerpo, ahí en ese lugar tan inhóspito
tus emociones se balancean de un lado a otro, dudosas
de los elogios yacen confundidas, maniatadas por esperas infértiles.

Era una vez, no hace mucho tiempo, en que todo
era un despliegue de cuerpos desnudos, corriendo
por todos los rincones de la casa. La vida era una
evocación al arte del amor, que se reinventaba a cada
segundo.
La apatía no existía y el cansancio no era más que un
respiro. La noche, poco a poco nos envolvía con su invisible
manto,las botellas de licor y los cigarrillos proliferaban constantemente,
como las palabras y los libros.
Las madrugadas nos mecían en un vaivén de risas y danzas
desconocidas, traídas de no sé de que lado del mundo.
Tú, enamorada fiel de los aguaceros te paseabas en ropa
interior como esperando que la lluvia se llevará una a una
las cicatrices que dormitaban dentro de tus negros ojos.
La luna, enorme brillaba bajo las estrellas, como si estuviera
distante del cielo, solo se mostraba para nosotros.
Así, pasábamos la vida. No teníamos  dinero, ni prisa alguna por
crecer. Algunos habíamos dejado de soñar ...
Pero todo se termina. Los años no fueron amables con nosotros.
La existencia, se volvió una confrontación. Las rutinas diarias,
los periódicos,los eufemismos de la guerra y el dolor de la partida.
Uno se alejó del otro y el otro de nosotros.
Nos volvimos a vestir, y adecuamos la casa para nosotros solos.
Barrimos cada vestigio de locura y envejecimos rápidamente.
Ahora, mientras veo tu otro lado, me doy cuenta, de cuanto añoras
las madrugadas, el licor, los ceniceros rebalsando colillas y el
griterío de aquellos amigos que jamás volvimos a ver.

JUAN ARÉVALO.




No hay comentarios.:

Publicar un comentario