lunes, 8 de agosto de 2016


Nada se tomaba  en serio. Su vida no era más que un juego.
Sus uñas pintadas de azul y sus esperanzas trazadas con
tizas blancas.
Me solía abrazar con ternura. Besaba mi cuello apasionadamente.
sabía como excitarme, aunque nunca llegáramos a más.
Fumaba siempre con la ventana abierta, le gustaba exhalar
el humo por fuera de la casa. Sus ojos brillaban viendo como
se esparcían las figuras, que el humo paría en el vientre, del
viento fresco que remolinaba melancólicamente haciendo de
la vida un estanque efímero de sueños...
Cuando se quedaba dormida en mis brazos, su aliento rozaba
mis labios y el aroma de su piel penetraba mi pecho, el mundo
parecía dormir con ella.
No tenía ambiciones, todo en ella era real.
Sus años se iban adueñando de sus impaciencias, tanto que ya
no le molestaba mi mal humor.
Mi inteligencia es nula, básica y me cuesta entenderle algunas
cosas. Sí, siempre la sabía exasperar, me gustaba cuando se enfurecía.
Sus mejillas se tornan rojizas y de su boca las malas palabras fluyen
como si nada...¡ Ah !...Me enamoraba. Si, su furia me enamora
aún más.
Flora tiene magia en su cuerpo ,pero también dolor, el cual nunca lo
supo esconder, sabe fingir, claro que lo sabe. Pero nunca supo
ocultar el dolor que su existencia acumula entre las yemas de sus
dedos.
Cada vez que me acaricia, siento como las lágrimas se deslizan por su alma...

JUAN ARÉVALO.



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