viernes, 6 de enero de 2017


DOS CUERPOS


Las palabras desnudan lo que siente y en ellas el cuerpo
se marchita como una rosa en medio del desierto.
Su piel traspira los últimos deseos de la última noche.
Su amante, no más triste que ella se deja llevar por las lágrimas
del tiempo y por las caricias de su amor.

En el lecho, las almas se aman con delicadeza.
Con mucho cuidado para no romperse, para no quebrarse entre ellos.
No hay lugar para el mañana, otoños que ya no verán otro invierno
perfumes que ya no perfumaran otra mañana.

En sus vientres las esperanzas nacen y mueren
en cada embestida, en cada contracción, en cada gemido.

Los amantes se retuercen entre las sábanas, dos en un solo cuerpo
un cuerpo en una sola vida.

Un volcán que se creía extinto vuelve a resurgir.
La carne se harbe, una espesa lava baña los sexos de los infelices
que se miran y se besan y ríen y lloran en pos del amor.

JUAN ARÉVALO.

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