martes, 10 de enero de 2017
Sé tocan los cuerpos. En el silencio de la noche
los cuerpos se acarician.
Perdidos y queriendo encontrarse
los cuerpos se chocan sutilmente...La temperatura del ambiente
va creciendo. Las luces de la ciudad se filtran por las cortinas
iluminado apenas una parte de la habitación.
Los besos se amontonan en las bocas, la salivas se mezclan
con los sonidos rompiendo los silencios.
Se aman,se frotan sus sexos, impunemente se entregan uno al otro.
La piel suda y los contornos de la carne van siendo corrompidos...
Intenso es el duelo, un enfrentamiento sin perdedores, la pasión se
adueña de la coherencia y todo es necesario para calmar la lujuria
que nace de sus entrañas y aflora en sus ojos, en sus pechos, en
las yemas de sus dedos...Lascivia y descontrolada fusión que va escribiendo
minuciosamente los cuerpos. Cada centímetro de piel es recorrida
por lenguas y labios que mojan y muerden...El dolor se trasforma en
placer. Embestidas que penetran la húmeda profundidad...
El amor en todos sus matices...No hay dios, no hay miedos, no hay crueldad
solo goce...Las palabras callan dejándoles lugar a los gemidos.
El final se acerca, las manos aprietan la cinturas...De pronto un liquido
espeso surge de entre los vientres...Alaridos y luego, silencio...
La noche se va aclarando. Las calles retornan sus diarios rituales de miradas
perdidas y sueños mutilados....
JUAN ARÉVALO.
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