
MISTERIO.
El tiempo siempre impredecible. No hay agujas que detengan
el andar de los corazones enamorados ni el ojo siempre atento
del destino.
El tren se de tubo entre la espesa niebla y el olor a olvido recién derramado.
Dos cuerpos que se ignoran y un gusto amargo en sus bocas. Todo está bien
planeado y no hay dudas ni reproches. La muerte se balancea entre los caños
que sujetan las farolas, siempre tan paciente, siempre tan silenciosa.
Un sielncioso disparo se escucha en la profundidad de la niebla, un cuerpo que cae rendido
ante la nada...Pasos que se alejan entre las sombras que murmuran lo que la conciencia
calla. El mudo reloj observa fríamente, como los dos amantes se abrazan y perpetúan
su amor entre lágrimas y juramentos.
JUAN ARÉVALO.
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