Avistamientos.
Los perros dejaron de ladrar de golpe. El silencio perturba
al cuidador, quién deja el cigarrillo en el cenicero, baja el volumen
del televisor, se pone una remera y sale al patio, a ver que está ocurriendo.
Es inusual que todos los perros callen al mismo tiempo.
Cuando ve el porque del silencio, queda estupefacto.
Todos los perros se hallan descuartizados. Pero lo que más lo aterroriza,
es que ninguno de los cuerpos están sangrando. Sus vísceras estan totalmente limpias.
No tiene ningún tipo de reacción, solo permanece inmóvil, ante tremenda
atrocidad.
De repente, una potente luz surge de entre la alambrada, que divide
la casa del galpón. En su encandilamiento alcanza a divisar pequeñas figuras.
Figuras que se le aproximan.
Sus piernas no le responden. Su voz es un frágil hilito pidiendo socorro.
La luz se va tan rápido como ha llegado.
Suspira aliviado y en el momento en que se dispone a reír en medio del nerviosismo,
se ve cortado a la mitad. Toda sus vísceras yacen fuera de su cuerpo, y al igual que los animales,
ni un rastro de sangre.
Al otro día, en todos lo diarios y televisores reportan, que en la noche anterior se pudieron ver pequeñas e incoloras luces rondando todo el pueblo.
Dicen algunos pueblerinos, que desde esa noche se pueden escuchar ladridos y gemidos
concebidos por un ejercito de engendros. Algunos, también aseguran ver a una mitad de
un cuerpo humano, ser perseguido, por una jauría de perros mutilados.
JUAN ARÉVALO.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario