sábado, 26 de noviembre de 2016


El mundo es una pequeña balsa a la deriva.

Hay días en que el dolor envuelve las almas hasta enflaquecer
sus huesos. No hay lágrimas que puedan aplacar la ira que sienten
los pueblos a la hora de despedir a quienes dieron todo de sí para
su bienestar.
Una revolución no es más que un grito condenatorio, una expresión
de inmortalidad. Una revolución tiene principio más no tiene fin.
No hay excusas que puedan detener la enérgica marcha de los pueblos
hacía la libertad. Miles de almas se trasmutan con la tierra y juntos levantan
la bandera de la equidad donde la diversidad de pensamientos, de religiones,
de razas, de sexos, de autonomías son la razón única por la cual dan sus vidas.
La complejidad es insondable, una maraña de sentimientos se va apoderando
de una causa haciéndola insobornable.
El mundo es una pequeña balsa a la deriva.
Hombres y mujeres luchan por aquellos que no pueden ser escuchados.
Por aquellos que no pueden ser visibles, que no tienen formas dentro de
un sistema capitalista donde nada importa más que la codicia de algunos pocos.
Hay piases que se auto proclaman defensores de la humanidad, de la verdad,
de la razón imponiéndose a fuerza de armas, de muertes, sembrando odio y esclavitud.
Hay dirigentes políticos que deciden quien vive y quien muere, como si fueran
soberanos del mundo.Hay hombres que enfrentan a los ultrajadores y luchan
de por vida por una libertad plena y digna. Esos hombres no mueren nunca, siempre
quedarán en la historia. Los libros hablarán de ellos por siempre, pero lo mejor está
en las calles, en la carne de los que lloran, de los que imploraran a la muerte que
devuelva a su libertador, le ruegan y lo hacen con amor, con dolor, con paroxismo
crudo. Esa historia es la que realmente engrandece al héroe.
Hoy hay lágrimas, hay sinceros corazones que laten con estupor. Hoy el mundo
gira más lento, los pastos y las flores amanecieron entristecidos.
No hay objeto en este universo que no se emocioné, no hay palabras que no tiemble
al rozar el aire, quien sutilmente solloza en silencio, así, como lo hago yo.

El mundo es una pequeña balsa a la deriva...Fidel ha muerto.

JUAN ARÉVALO.



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