domingo, 27 de noviembre de 2016
Hermosa locura.
Ella es tan perfecta que se vuelve imperfecta.
Está totalmente desquiciada, su mundo carece de moral,
por lo tanto su libertad no tiene limites ¿ Acaso tiene limites la vida ?
Pero no juzguen antes de saber el porqué de su locura.
Ella tiene una percepción muy particular del amor y de la distancia.
Todo para ella es una gran plataforma movediza, la cual se divide
en varias partes. Ella dice que hay ciudades ocultas bajo las aguas
del mar y admira con exceso a los tiburones. Suele cantar canciones
en francés y ama tocar el arpa. Instrumento realmente maravilloso
por cierto.
Cuando caminamos agarrados de las manos por las calles del otoño,
me seduce inconscientemente, cada movimiento de su cuerpo destella
sensualidad. Sé que cuando cierra los ojos, siente la bruma del mar
acariciando su piel. Una vez la escuché hablando dormida, no hacía
otra cosa que repetir el murmullo de las olas.
Cuando nadie la ve sabe conversar con sus lágrimas, su alma está teñida
por melancolías. Pero hoy quiero hablarles de su locura. Sobre todo, una en
especial. La locura que más le amo, esa que tan bien me hace sentir.
Cuando nos peleamos su voz temblequea y sus pupilas se mecen
en una pequeña marea negra. (El iris, su iris tiene secretos que jamás serán
contados) Y es ahí donde su locura da comienzo. Todo se vuelve distancia,
un desierto de ademanes y burlas, un esqueleto cuya carne se desprende,
se desgarra de apoco y se vuelve a unir.
Como vulgarmente se dice, es una mujer que no tiene pelos en la lengua.
Pero ojo, no es que insulte o me hable despectivamente, si no todo lo contrario.
En su sutil ferocidad se vuelve poeta y me dice cosas como " Sí yo no estuviera
contigo, tu cielo seria un averno, donde nunca sabrías lo que se siente amar " o
también " Sé que cuando me marche, pasarás las horas meditando sobre
arenas de sangre, y jamás volverás a sonreír, por que ya no tendrás
rostro, ni memoria. ¡Ni siquiera tendrás un alma ! "
Y en ese momento me vuelvo pequeño, insulso, inanimado.
Ella es un ser de otro mundo, cuando ríe después de haber recitado
sus enojos, un aura se desprende de su piel, haciendo del momento un etéreo
paisaje, ella se vuelve deidad y yo un simple mortal.
JUAN ARÉVALO.
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