domingo, 13 de noviembre de 2016


¡La puta que duele tanta indiferencia! Hoy el mundo no es más
que un pequeño cubo de hielo. La maldad ha cubierto el sol, las
nubes se han vuelto negras, una especie de glaciación de almas, de
corazones, de pensamientos de cuerpos, se está produciendo.
Cada vez es más grande la inequidad social, hombres y mujeres que
luchan por probar que son más que otros matándose diariamente.
Intelectuales que defienden la miseria y la muerte mientras niños
mueren de hambre  y de frío.
Ahora te entiendo, recién ahora comprendo el dolor que tenías,
que guardabas muy dentro tuyo. Siempre fuiste más allá de las
cosas, supiste ver la mierda escondida en cada voz, en cada ceremonia
de falsa filantropia.
No sé porque, pero te extraño más que nunca. Añoro los días en que
me decías lo que había oculto detrás de la luna y bajo el mar. Esas
pequeñas charlas por las noches, tan efusivas y más de una vez terminadas en
discusiones, entonces te dabas vueltas, tapabas tu cabeza con las sábanas
y no me hablabas hasta el otro día.
"Turbias esperanzas, el tiempo y la decadencia, la muerte y el olvido,
extrañas cualidades que tiene la vida, extrañas pero naturales" palabras
tuyas que guardo dentro mio y que a veces me adueño en algunas charlas
de amigos.
Y que me importa el hoy, y que me importa que afuera nieve, llueva o
haga calor, que me importa lo que dije antes si todo pierde validez en
tu ausencia.
Estoy cada vez más intolerante, mi piel se arruga rápidamente y mi memoria
se vuelve frágil y hay cosas que se han volado, que ya no recuerdo. Pero tú,
tú siempre estarás en mi carne, en mis ojos, en mis oídos, en mis piernas.

JUAN ARÉVALO.


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