miércoles, 9 de noviembre de 2016


Dicen que todo tiene un final, un ciclo que se cumple.
Todo parece estar escrito con anticipación,los triunfos
las derrotas, todo está pactado de antemano.
La vida tiene momentos, instantes que perduran en el tiempo
monopolizando los recuerdos.
Una flor nace y  muere aferrada a un lugar y en su existencia la
libertad no es más que un pequeño viento que llega de pronto.
A veces somos como las flores, siempre viviendo en un solo lugar
con la misma briza, con el mismo lodo y las mismas esperanzas.
Siempre esperando que llegue un viento desconocido y nos eleve
por los aires, como hojas secas o pequeños barriletes.
Decir que nada nos duele es mentirnos a nosotros mismos, las
frustraciones llegan y golpean fuertemente hasta derribarnos.
La honestidad es una cualidad que poco sirve. Los amigos son pocos
la fidelidad es una palabra que define un gesto, un sentimiento, un acto
que casi nunca se concreta.
Estamos solos, somos seres individuales,adentro estamos protegidos, afuera
somos vulnerables.
Cada etapa concluida pasa hacer una historia que se impregna en la piel,
en las tripas, una historia que jamás nadie conocerá.
Hay decisiones que se toman a la ligera, otras que son bien pensadas,
minuciosamente planificada.
Cuando se pierde el sentido de las cosas ya no hay nada que nos pueda
reinventar y es ahí donde agonizamos silenciosamente.
Una vez leí una frase de Kur Cobain, la frase decía " es mejor quemarse
del todo que ir apagándose lentamente " . Es verdad, que cuando más lento
vamos, más dolor recogemos y esto aunque parezca una tontería es real, trágico
y no tiene vuelta atrás.
A veces creo que hay gente que nació melancólica, que a medida que va viviendo
va muriendo y que no hay un porque, solo está en su sangre.
También pienso que cuando uno hirió a alguien siempre lo hizo por inseguro y nunca
con maldad, hay miedos que nos encierran en un caparazón y no nos permite ser libres.
Ya no hay tiempo, es ilógico querer perseverar cuando el azar nos tiene guardado siempre
las mismas penumbras, los mismos abismos, las mismas tristezas.
Dicen que un nombre no puede llorar, que el llanto no es más que una frágilidad estúpida
en un hombre. Yo creo todo lo contrario.
Fue bueno haberlos conocido, les estoy profundamente agradecidos a todos.
 
JUAN ARÉVALO.




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