lunes, 28 de noviembre de 2016


La luna y el asfalto


Su vida no era más que un ida y vuelta. Un constante vagar
de hoteles y camas mal tendidas. Su cuerpo abatido por las
garras del tiempo manipulaba el deseo del ajeno ser, que
resucitaba una y otra vez dentro de ella.
Cada embestida resonaba en su mente. Cada beso en su cuello
requebrara su alma. Cada gota de sudor que recorría su piel, era
un lágrima gastada.
Una vez terminado el acto carnal, tomaba el dinero y se marchaba
sintiendo el vacío que deja el amor comprado.
Una noche, cuando la luna se reflejaba su pálido rostro en el asfalto,
ella no quiso llorar más y en su agonía, desnudó su cuerpo y caminó entre
las olas, hasta perderse en la azulada inmensidad oceánica.

JUAN ARÉVALO.


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