
Un tiempo...
Fue un tiempo donde la calidez humana era un
despliegue constante. Todo tenía un sentido.
Las calles parecían estar siempre de fiestas, los niños
jugaban en las veredas. Frágiles esperanzas fluían de sus ojos...
Fue una época de abrazos, donde la existencia tenía el sabor
dulce de la miel recién cosechada.
Fue el tiempo donde aprendí a descifrar los acertijos del
destino, siempre camuflados en la invisibilidad.
Fue en ese tiempo que atenacé en mi pecho para siempre,
el primer silencio...La muerte se presentaba por primera vez.
Y quizás también, fue en ese tiempo, donde descubrí que las
cosas más simples son las más complejas.
JUAN ARÉVALO.
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