lunes, 7 de noviembre de 2016

Siempre tan tú, siempre tan yo.
Las frágiles mañanas cuelgan de las cortinas de
tus ventanales.
Despiertas y la vida contigo.
Somos antonimias, dulce y salado,frío y calor
lo suave y lo áspero.
Somos espejismos en los desiertos que habitamos a diario.
Carecemos del lenguaje correcto para describirnos a nosotros
mismos, solo sé que somos lo contrario.
Pero en esa contrariedad nos amamos tan despiadadamente,
tan necesariamente.
Tú te aferras a mí y yo a tu cuerpo desnudo como una rémora hambrienta.
Luego cuando la lluvia comienza y el mundo vuelve a rodar, los sentimientos
renacen en la piel y el mar de lágrimas aflora de tus ojos, no hay nada más
fiel que tristeza acompañando la felicidad.
Así vivimos el amor, así nos vamos creando constantemente y así perduramos sobre
el tiempo, sobre la muerte.

JUAN ARÉVALO
 


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