
No sabía que juntar primero. Todo estaba destrozado ante mis pies.
Los años gemían continuamente. Las esperanzas se abrazaban entre sí.
La razón meditaba en silencio. La nostalgia lloraba desconsoladamente.
Entonces cerré los ojos y estire mis manos hundiéndolas entre los pequeños
trozos de vida que el tiempo, había desterrado.
JUAN ARÉVALO.
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