domingo, 18 de diciembre de 2016
El día que lo vulgar fue elegido como presidente del pueblo.
Las palabras rebotaban en el viento una y otra vez, desesperadas, como pelotas de tenis iban y venían.
Las elocuencias habían sido profanadas. Lo vulgar reinaba en todas partes.
Los niños tenían que esquivar con mucho cuidado los buenos modales que agonizaban
en medio de las calles. Las madres iban por las veredas, con sus largos tules negros consolando a los pequeños fragmentos de léxicos que lloraban sentados afuera de las casas.
Los puntos se balanceaban sobre techos. El suicidio era lo único que les quedaba.
Las comillas se repetían una y otra vez que sus vidas carecían de sentido.
Los signos de preguntas meditaban y reflexionaban en silencio sobre los rieles de la vieja estación de trenes. Mientras que los signos de admiración los miraban acongojadas.
Solo las malas palabras sobrebebían.
Las teclas de las máquinas de escribir se quedaron olvidadas, el polvo las cubrió por completo.
El cementerio de la ciudad desterró los nombres de las lápidas.Cada vez que los familiares de los fallecidos iban a visitarlos, las discusiones surgían de repente.Todos se equivocaban de parientes.
Los paréntesis escondían sus lágrimas, no querían que nadie les tuviera lástima.
Las comas caminaban lentamente, arrastrando melancolías. La verdad quedó destrozada, cuando encontró a la sensatez haciendo el amor con la mentira. El odio se ensaño con el bien y enjuició su castidad hasta desaparecerlo por completo.
Todos los habitantes de aquel pueblo veían estupefactos, como las letras se iban borrando de todo cartel, de toda vidriera.
Las escuelas cerraron sus puertas.Los libros habían quedado todos en blanco.Los pizarrones ya no tenían utilidad y fueron descolgados y guardados en el sótano junto a los objetos innecesarios.
Los medios de comunicación presidían de textos. Sólo mostraban el pasado que había resurgido macabramente.
Los números tomaron las plazas. Hubo manifestaciones realmente violentas. Los policías golpeaban con sus cachiporras a los pobres y desnudos números que pedían a gritos que las letras sean restauradas. Ellos solos, no podían vivir sin ellas.
Y así fue como aquel pueblo pereció cuando lo vulgar ganó las elecciones. Los discursos políticos fueron consumidos por la soberbia.La ignorancia quedó como ministra de educación.La inseguridad como ministra de seguridad y las represiones se hicieron cada vez más crueles.
Las letras fueron exterminadas.Las que pudieron exiliarse, con el tiempo murieron de tristeza.
Los diccionarios, que ya no describían significado alguno, fueron quemados en una gran hoguera,frente la casa de gobierno.
Los obispos brindaban con los extranjeros que ya estaban listos para comprar cada parte del pueblo.
El pensamiento y la coherencia habían sido esclavizados por la codicia.Los conceptos fueron anulados por la perversión y la corrupción.
Las sonrisas se fueron diluyendo.El lenguaje dejo de existir. No importó las organizaciones de auto ayuda que gritaban que estaba en peligro de extinción.
Un día, las malas palabras quedaron sin fundamentos y todos perdieron la voz por completo, incluso lo vulgar, que había sido elegido como Presidente.
A los dos días, los empresarios extranjeros compraron todo y donde antes había casas, hoy hay fabricas de autómatas que sólo se manejan por señas.
JUAN ARÉVALO.
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