domingo, 18 de diciembre de 2016

RAFAELA


Sus ataques de pánico son muy frecuentes. Le teme a la oscuridad y no sabe atarse los
cordones sola. Tiene muchas muñecas y solo juega con una en especial. La llama Rafaela,
es su única amiga. No tiene caprichos, ni quiere juguetes nuevos. Su mochila escolar
contiene muchos secretos que solo Rafaela conoce.
Una noche el miedo la sorprendió en medio del sueño.Se despertó gritando,su cuerpo empapado en sudor.
Las pesadillas son tan reales que nunca se sabe lo que pasará cuando se abren los ojos.
Mamá, antes de dormir tenía la costumbre de cerrar todas las ventanas dos veces.
Bajaba las cortinas y se aseguraba que  debajo de la cama no hubiese ninguna clase de monstruos. Luego besaba con ternura mi frente y se marchaba a descansar. Sus días eran agotadores.
La luz permanecía encendida.
Yo hago exactamente lo mismo con ella. Antes de dormir inspecciono bien cada lugar de su habitación.Hurgo dentro del armario, entre las hojas de los libros, dentro de su zapatilla y hasta reviso con minuciosidad cada uno de sus calcetines .Luego de explorado el lugar, me siento a su lado, leo retazos de cuentos, y soplo sus cabellos, como si mi aliento fuera un sutil viento Norte. Luego cuando se duerme beso su frente y me voy a descansar. La luz permanece encendida.
La noche de la pesadilla tomó a Rafaela y murmuró a sus oídos, yo acariciaba su frente.
Le conté que un día,a la hora de la siesta mientras leía un libro de cuentos,un monstruo estaba llorando bajo la cama, se escuchaba muy triste. Entonces tomé coraje y asomé mi rostro hacia donde estaba él...¡muy despacio ! El miedo es un buen aliado cuando se lo sabe manipular.
Le pregunté porque lloraba, levantó la vista y me dijo que tenía miedo. Que había tenido una pesadilla y que ahora no podía dormir.
Ya, con más confianza, bajé de la cama y me senté a su lado.
Ella me miraba atenta, como si cada palabra dibujará formas dentro de un pequeño circulito.
Yo seguí con mi relato:
Sus lágrimas a medida que iban cayendo se convertían en hermosas mariposas, que revoloteaban a nuestro alrededor. Sus lágrimas fueron tantas que miles y miles de mariposas rosaban nuestros rostros. Entonces empecé a acariciarlas. Tomé a una por sus alas y en ese momento todas desaparecieron al instante, quedando solo, un pequeño charquito de agua, donde ambos nos reflejamos. Yo comencé a reírme y el monstruo que me veía sorprendido, olvido sus miedos y se sumó a mi inesperada alegría.
Rafaela, en medio de sus brazos también parecía escucharme. De sus muy expresivos ojos pequeñas lágrimitas se asomaban . Me quedé mirándola, espié dentro de su cuerpo de trapo y pude ver con algo de nostalgia que aquella muñeca no era más que  aquel asustadizo monstruo de mi niñez.
Me sentí confundido,por un momento tuve miedo.Entonces quite de sus brazos a Rafaela y la llevé a su pequeña casa de muñecas, que se encuentra en un rincón de su habitación, sobre la alfombra.
Ella me miró  con enfado y tapó su rostro con las sábanas.Me recosté a su lado mientras le susurraba una vieja canción de cuna, que aprendí de mamá y suavemente la fui descubriendo .
¡El Horror penetro mi carne, un frió espeluznante corrió por todo mi cuerpo ! Rafaela, estaba nuevamente entre sus brazos. Me levanté de un salto y cogí las frazadas de un tirón destapando por completo los cuerpos. Ellas murmuraban palabras extrañas y de sus ojos asomaban pequeñas lágrimas. Por un instante recordé aquel momento y miré  bajo la cama, bandadas de mariposas revoloteaban alrededor de un pequeño cuerpo,cuando quise sujetarlo éste desapareció junto con las mariposas.
Desde esa noche Rafaela y yo somos muy buenos amigos.La luz aún permanece encendida.

JUAN ARÉVALO.

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