jueves, 29 de diciembre de 2016



HERIDA

Su corazón había sido herido. Ahora desnudo y harapiento
solloza en soledad. No tiene más porque vivir y cada día nuevo
es  un infierno que va arrasando con su cordura. La piel que lo
cubre se desprende de a poco y se puede ver cada vena y como la sangre
es bombeaba hacia su cerebro. Tanta es la sangre que fluye hacía
su cabeza que los cabellos fueron  muriendo por tanta abundancia de liquido.
Ahora en su cabeza, aflora un jardín de flores que de apoco se va extendiendo
por todo su cuerpo, como una enredadera sin limites.

JUAN ARÉVALO

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