jueves, 22 de diciembre de 2016
Te gustan las películas antiguas. Lo sé. Esas en donde los hombres
tienen por costumbre llevar sombreros y bastones, caballeros que aman
las mujeres y que por ellas dan su vida. Sé que te gusta ver como la mujer
viste sus largos vestidos acompañados de voluptuosos sombreros.
Sé que amas sentirte protagonista y ser amada como se ama a una mujer
verdadera.
No tienes delirios de grandeza y repudias la codicia.
Eres la letra del poema, sintiendo los brazos del viento soplar tus
cabellos desparramando días que se pierden en las inmensidades
de lo eterno.
Eres la prosa que va describiendo los vértices del destino que desnudo e
inmóvil grita en silencio el nombre mío.
Eres una gota de lluvia que moja los campanarios antiguos como flores
aferrándose a la soledad .
Sé que amas el queso, las plazas, el aire libre y las pequeñas charlas de madrugadas,
donde la vida deja su rol de existencia para embriagarse de tus labios.
Liz, sé que añoras los lirios amarillos cuando te vas a buscar estrellas en las mareas
de esperanzas que nacen en el crepúsculo de un trino de pájaro.
Eres la luna de plata y el sol de oro que hace de las arenas milenarias miles de palabras
que solo son descifradas por mí.
Sé que no buscas el vocablo perfecto y que solo te conformas con una mirada que escriba
bajo tu falda corazones rojos .
Indulgencias paren tus caricias cuando rozas el alba de la mañana, más todo en ti sale a menta fresca.
Liz, tus manos tienen la verdad de todas las verdades.
El universo solo ante ti se pronuncia y en su sideral lenguaje te cuenta los secretos de todos.
JUAN ARÉVALO.
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