jueves, 8 de diciembre de 2016
Instinto.
Su pipa descansa sobre el escritorio. Sus dedos van presionando las teclas
de su vieja máquina de escribir. El aire se retuerce en los rincones de la casa.
Cada palabra retumba en la profundidad de la efímera soledad.
Su mente va describiendo una historia. Una década de miseria que surge
entre las tinieblas, como una pequeña cabeza surge del vientre de una
mujer que grita desesperada.
Una taza de frío café, encierra la angustia de una vida marginada.
Un titubear, unos ojos que miran al techo. El tiempo se detiene, mareas de
imágenes golpean las pupilas. El instinto se abre paso, cada letra contiene
un sentimiento que estallará sobre la frágil hoja.
La noche se desnuda y los fantasmas renacen de las rendijas de las baldosas.
Retoma su tarea inconclusa y una a una va acomodando las palabras, fabricando vidas
que morirán cuando el sol golpeé los cristales de la ventana.
JUAN ARÉVALO.
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