jueves, 29 de diciembre de 2016



LA MUERTE DEL REY.

El rey despierta de un sobresalto. Un angustiado pero real rostro lo contempla entre
la tenue luz de las velas. Todo está en calma, solo los buhos surcan la noche llena de
lobos que agazapados entre los silencios esperan su presa.

--¿ Quién sois ?...¿ Quién se atreve a profanar los aposentos de vuestra majestad ? --

-- ¡ Vuestra conciencia !--

-- ¡Os diré que no me hace gracia vuestra respuesta !--

-- No es una respuesta. Es una afirmación. ¡No dudéis jamás de la  impiadosa noche !  --

-- Jjajaa...No me hagáis enojar, más cuando mi ira se desata ni el propio
diablo se atreve a cruzarse en su camino...¡Os pido tenéis consideración !--

Ya fuera de su lecho el rey parado frente al extraño ser intuye que está en presencia
del demonio y sin llamar a los guardias toma el desafío sin temor alguno.


-- Hace cuanto que vuestra majestad no se detiene a pensar y concluir en
un solo pensamiento ¿o acaso los ruidos del pasado no os permiten dormir ?--

-- Sí os atrevéis a insúltame una vez más yo mismo os cortaré el cuello --

-- Vuestra alterada majestad, vuestra espada no puede lastimar a quién no
puede morir.¡ Os ruego que saquéis su espada y sin remordimiento alguno
intentéis mi cuello rebanar !--

El rey bajó la mirada, y sumiéndose en un perpetuo silencio entendió que
ya no había otro día ni otra noche. Más el destino es insobornable. Toda batida
tiene un vencedor y un perdedor y jamás nunca nadie logró vencer a los enviados
de la muerte.
La conciencia procedió con sus augurios. Más todo lo que hubo sido ya
no podrá serlo.

-- Al fin vuestra gentil majestad pudo ver y entender éste sutil momento. Tan lejanas
quedaron aquellas horas en que la juventud rozaba con sus aromas cada parte de
vuestro cuerpo y sin discriminar silueta, entonaba libres cantos que a las doncellas
enamoraban y más de mil batallas os vieron triunfante. Pero al fin todo termina
y en un destello de muerte lo victorioso se haya vencido en un infinito cuenco de mudas
miradas...Oh, majestad yo os imploro que no tengáis verguenza y suelte vuestras lágrimas
más no hay sentimiento más puro que la humildad de vuestras tristezas. Más es bien sabido
que dentro de vuestros ojos el amor se esfuma y ya no habrá otra mañana de pájaros alegrando
con sus trinos vuestra presencia. Me inclino ante la noble causa de vuestras espadas y os prometo
que no habrá legado más recordado que el vuestro. Más sus descendencias serán tan piadosas como
vuestro corazón --

Calló la conciencia. El rey meditaba su desgracia, cuando de la luz de las velas un destello quebró
la aurora y la niebla misteriosa de las sombras emergieron como corceles desbocados.
Oscureció la luna y el firmamento todo perdió cada una de sus estrellas. Cayó el cuerpo del rey
abatido por la muerte, no hay indulto en sus promesas y hoy yace una lápida  con su nombre,
en el silencio más profundo de la calma de un cementerio cuya casta piel es profanada por
las hambrientas fauces  de los gusanos.

JUAN ARÉVALO.
















No hay comentarios.:

Publicar un comentario