
Estuvo días pensando en la manera de tomar el mundo. No tenía otra arma
que su imaginación. Entonces talló una escultura cuyo vértices
tenían un potente veneno que mataba en segundos. Solo era necesario
pasar por su lado y respirar al invisible asesino que inmediatamente
cumplía su trabajo .
--Al fin tendré el mundo en mis manos-- Se dijo a si mismo.
Luego de unos segundos cayo muerto.
JUAN ARÉVALO.
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