Flora
Vino una noche en medio de una gran tormenta.
Estaba angustiada...El maquillaje le corría por su rostro destiñendo sus mejillas.
No pregunté nada,mi curiosidad suele ser torpe y a veces intolerante. Entonces
evite agrandar su culpa. La abracé con ternura, su empapado cuerpo no paraba
de temblar.Mis brazos se aferraron a su espalda y detrás mio un sollozo quebró el silencio.
Sé bien que su vida es una tómbola, que lo que hoy es dicha mañana es un infierno.
Ella es una mujer que ama la naturaleza,le gusta vagar por las noches,recorrer las
calles cuando todos duermen. A veces finge estar alegre, solo para evitar preguntas
comprometedoras.Pero yo la conozco bien y sé cuando su alma está llorando.
Luego del abrazo se sentó en el sofá. Sus manos entre sus piernas, sus cabellos mojados delineaban tristezas.
Sumiéndose de hombros me sonrió, me guiñó un ojo y se perdió en un laberinto oscuro, al cual conozco bien pero en ese momento, no me atreví a entrar.
Fui al baño,tomé una toalla y regresé con la esperanza de verla sonreír.
Sentándome a su lado sequé sus cabellos, acaricie su mejilla y le pedí por favor que se vaya a duchar antes de que se resfriará.,le di una de mis remeras y un pantalón.
Siempre me gustó como le quedan mis remeras. Me encanta verla pasear con ellas por la casa.
Me gusta admirar su belleza desde lejos. Por que Flora, es una mujer increíblemente hermosa.
A veces cuando escribo,ella está a mi lado, siempre en silencio. Pero a medida que van pasando los
minutos se vuelve una niña y empieza a molestarme. Me agarra de las orejas, me pellizca las mejillas.
Me hace cosquillas en las piernas o me me empuja con su hombro.Aunque a veces me enoje
no le digo nada... Entonces dejo lo que estoy haciendo y me voy a jugar con ella, olvidándome que soy un hombre, para convertirme en un niño desprejuiciado.
Esa noche cuando todo volvió a la vida, comenzó a reír. Su mirada se despejó de las negras nubes, que momentos antes se avían adueñado de sus ojos. Sus pupilas volvieron a recobrar el brillo que las alimenta.
-- ¿ Ya se fueron las tristezas ? -- Dije, mientras encendía un cigarrillo.
Detuvo la risa. Bajó la mirada...Por un momento, sentí verguenza.
-- ¡Juan, perdí las monedas!... Esas que siempre he guardado para el gran momento --
Su respuesta me descolocó por un instante. Su voz melancólica cobijó las copas,el vino y todos los muebles de la sala...Acababa de abrir las puertas del gran laberinto.
-- Si quieres te prestó algunas de las mías...Tengo varias --
Flora ama las metáforas. Las esperanzas suelen ser monedas que vamos gastando gradualmente, pero lo peor, es cuando las perdemos y no logramos encontrarlas nunca más...Monedas que otros encuentran por casualidad.
-- ¡Enserio Juan, perdí todas y me siento desnuda! Sé que sin ellas voy a estar varada, siempre en un mismo lugar y eso me aterra --
Su confesión me asustó. Nunca la había escuchado hablar de esa manera.
-- Pero no estarás sola. Yo también me quedaré varado. ¿Sabes ? Creo que también yo, he perdido mis monedas --
Me miró por unos largos segundos, tomó la copa de vino y entre cerrando sus ojos la llevó a sus labios,dio dos pequeños tragos. Bajó el cristal, lo acomodó sobre la mesa, se friccionó los dedos y llevó su mirada hacia la puerta.
Respiró profundamente,contuvo el aliento por unos segundos y exhaló pausadamente.
JUAN ARÉVALO.
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