viernes, 30 de diciembre de 2016
FLORA
No sabía cómo hacer para descubrir su verdadera intención
Sé que cuando me me mira de esa forma algo trama.
Fui buscando palabras dentro de sus labios, tenía la certeza de
que pronto saldría a la luz lo que verdaderamente pretendía.
Se detuvo frente de la heladera, pensativa como si un gran problema
la estuviese asfixiando. Como si las cosas cotidianas que tanto amaba
se les hubieran revelado y ya no le quedará nada.
Debo decir, que tiene sus complejos. Es una mujer inteligente y siempre logra
su cometido. Pero también es justo decir, que sus caprichos no pasan los de
una niña. No tiene adoración sobre lo material, con lo que tiene le alcanza y
sabe disfrutar de las pequeñas bondades de la miseria. Nunca fuimos de acaparar
riquezas, o mejor dicho la única riqueza que nos interesaba era solo la del corazón,
esas que verdaderamente hacen de la vida un juego delicioso, el cual sabíamos jugar
perfectamente.
Mirandola desde el comedor, fingía no detenerme en su preocupación. Seguía con mis
tareas. Tengo varios libros en mal estado, el tiempo no es amigo de nadie y a todos los
corrompe no importa sus formas ni sus sexos ni si tienen sentimientos o si son objetos
inanimados, solo llega y los corrompe. Entonces me preparaba a repararlos.
Ella, parada, aferrada a un vacío surcaba los caminos que nos llevan a las lágrimas.
No aguante más y caminé hacia ella. Por un momento sentí en mis oídos la voz de
la conciencia y no puede seguir ignorando aquella mujer que atada a un pensamiento
moría de tristeza en una pequeña y cuadrada cerámica de casa.
Una vez a su lado tomé sus manos y besé sus cabellos. Las palabras se anudaron en mi
garganta, tragué saliva y por un momento sentí como los espejos se rompían, como estallaban
dentro de las casas donde los fabrican y cada trozo de cristal se incrustaba dentro de mí
corazón provocando un profundo dolor, así como el llanto de un niño hambriento
o las plegarias infértiles de un moribundo.
Sus miedos eran reales. Sus caprichos nada tenían que ver con el momento.
Flora levantó su cabeza, sus ojos mojados por el gimoteo desandaron todos los
estúpidos pensamientos que forjaban mis dudas. Entonces la abracé con fuerza,
besé sus mejillas, me adueñé de sus silencios,cobijé su pena y olvide por completo
mis tares, mis libros, mi vida y solo atiné a calmar su dolor .
JUAN ARÉVALO.
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