Alejandra.
Quisiera ser como ella.
Escribir como ella. Vivir y morir como ella.
Quisiera tener las horas justas y el murmullo abatido por las esperas.
Ser agua en medio del fuego. Ser todo en la nada.
Descubrir su cuerpo tembloroso y de él hacer mi refugio.
Sentir sus caricias, sus labios en mis oídos
ser viento llevando las miserias dejando vacía el alma.
Quisiera ser como ella.
Escribir como ella . Vivir y morir como ella.
Quisiera tener la edad del tiempo y saciar la sed de sus ojos.
La piedra fundida se vuelve un cuerpo solitario
que vaga las profundidades del deseo
profanando la carne lastimada de la más doliente y bella soledad
que habita en el ser de la bestia perdida.
Buscar destellos de mariposas en medio de la hierba seca
hurgar dentro de la herida y con su sangre pintar mil estrellas extinguidas
ser vástago tallo en medio de la vejez y la vejez en la piel del vástago tallo
Quisiera calmar a los muertos que nacen en la muerte
engendrar palabras desconocidas solo para ella.
Pero soy distinto.
Mi cuerpo cubierto de ignorancias se perderá en el tiempo
y nadie jamás lo sabrá encontrar.
Mis miedos son distintos
mis dedos, mis pies y hasta la vida que me ha tallado
mi voz carece de armonías
y mis ojos...Mis ojos no retienen lo infinito.
Alejandra tus versos son tan míos como tu agonía
tu compromiso fiel con la muerte
tus lágrimas de amor fundidas en papel
todo en ti es verdadero e infinito
como el día sin noche y la noche sin día.
No soy más que un escriba que no sabe como recoger
las almas de las flores que yacen muertas
sobre la tierra de sombras.
Inertes sombras. Silentes sombras. Mustias sombras.
Alejandra, mi poeta, mi amada niña
que los años han mutilado sin compasión.
Más la jaula sigue abierta...¿Qué aremos con los miedos ?
JUAN ARÉVALO.
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