jueves, 31 de diciembre de 2015
Esta tierra desconocida
en la cual me pierdo, sus anchas calles
sus árboles desnudos, sus veredas sin jardines, sin flores
En esta tierra de frías noches ,
de arraigadas tristezas, de sueños asesinados
por la inseguridad de los que temen reír
ante los espectros invisibles
creados por sus propias mentes desquiciadas
que se hunden en el barro de lo inmoral
ante la atenta mirada del elegante burgués
cazador de elefantes.
No puedo conjugar el verbo amar
más está prohibido sentir, desear, gozar
sentir el aliento a vino avinagrado que deja el deseo
de la muerte naciendo en los vientres
que enredados se anudan y desangran en desenfrenados
vaivenes, la piel sudorosa y el gemir de los cuerpos
no esta permitido,
la sensibilidad se desgarra en lágrimas mudas,
en silencios rotos por la gilet que cruza las venas
del amante castigado,
desterrado a las catapungas del dolor más bestial.
En esta tierra de sombras
de soles muertos, de niños malditos,
de sentimientos fríos, de miradas ausentes
y delirantes operas de perros hambrientos, aullando bajo la luna
sin brillo, pálida y gélida como las almas de los
vagabundos que recogen migajas
de los bebederos secos y mugrientos
que adornan las desoladas plazas de la ciudad.
Esta tierra desconocida
me abraza me como cual madre abraza a su hijo recien nacido
y me amamanta con su soledad hasta volverme parte suya
así, como la noche se adueña del jilguero muerto
que se pudre entre las rosas negras del olvido.
J ALBERTO ARÉVALO ESCRITOR
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