Lucia, ayer vi como los niños corrían desnudos por la casa,
montaban sobre caballos invisibles como pequeños caballeros
cubiertos de armaduras, espadas y sueños...
Quise abrazar sus risas, seguir sus pasos, no pude,
se esfumaban como sombras, el recuerdo se burlaba cruelmente de mi una vez más.
Lucia, esa noche cuando bajábamos la colina,
tu hermosa cabellera negra jugaba con tu espalda,
tu cuerpo destellaba silencios, las flores despertaron para bañarte de sus aromas...
¿Amor?, hoy me pareció verte abordar el tren, dos maletas aferradas a un viaje,
tu figura blanca como la porcelana buscaba ansiosa el número de asiento en el pasillo,
mi corazón se rompía en mil pedazos, no pude más y bajé en la siguiente estación,
caminé hasta la plaza central, me detuve junto al bebedero y lloré desconsoladamente
como un niño cuando suelta la mano de su madre y se siente atrapado en un mundo desconocido...
LIZ CIELO
JUAN ARÉVALO
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