viernes, 4 de diciembre de 2015


   LOS AMANTES

Caen las hojas de los árboles  cubriendo lentamente el piso .Él otoño
da comienzo , la tristeza invade de apoco la ciudad. Los caminantes
pasean abrigados melancólicamente , sus grandes e impenetrables abrigos
los vuelven pesados , torpes .¡ ridículamente torpes !
Sentado en este bar , en está mesa junto al ventanal cuyo cristal tiene pegado
un  viejo y descolorido afiche pidiendo empleada para  un pubs (" SE BUSCA
MECERÁ PRESENTARSE DE 8 A 12 CON REFERENCIAS EN LA CALLE
FRENCH 4564 ")  puedo ver a través de él como los barrenderos van limpiando
está parte de la calle, vestidos de naranja van y viene barriendo y haciendo montoncitos de hojas
que levantarán luego con palas de plástico y lo volcarán en un gran cesto el cual estará
cubierto por una inmensa  bolsa de residuos negra . Detrás de ellos la diversidad , sus formas, sus colores,sus vestimenta, sus idiomas , sus miradas . La diversidad manifestada en cuerpos animados
apresurados , manipulados por una perversa y fría rutina que de apoco los va matando. Es triste
saber que también yo soy uno de ellos , los comunes los anónimos.
El café  humeante , acotado mar  negro y espumoso dentro la taza, cual descansa tibiamente sobre un pequeño plato de losa garabateado, con dos medialunas dulces y dos sobrécitos de azúcar . Al lado el periódico y sobre él mis viejos lentes.
¡ Pucha !!..Cuantas ganas de fumar ,el cenicero desnudo limpio de cenizas y colillas , abandonado me seduce , pero enfrente mío una pareja está desayunando , conversan entre ellos ríen , discuten, vuelven a reír ,ella sé toma una pausa mira y acomoda la chalina de su niño que duerme en el carrito para bebes adornado con mariposas de juguetes...Miro el reloj , ya casí es la hora tengo tantos deseo de verte.Un destartalado colectivo frena en frente del bar , unos segundos luego arranca y sigue su camino las luces del semáforo le dieron  paso , una señora sujeta la pequeña y fina cadena de su perro ...Miro de vuelta el reloj ya es la hora, levanto la vista y tú parada en frente de la puerta del bar , te acomodas el cabello , guardas el espejito dentro de tu cartera de cuero negro con grandes correas , suspiras tomas el picaporte empujas la puerta, una vez adentro, levantas  el rostro me buscas mesa por mesa , hasta que por fin nuestras miradas se encuentran, nuestros ojos se chocan y nuestros labios  se sonríen tímidamente.

JUAN ARÉVALO






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