jueves, 24 de diciembre de 2015


Camino sin querer llegar a ningún lado,
perdido en laberintos de nostalgias,
escribo tu nombre en el vacío de
mis horas,
que no son más que nubes
arrastradas por el viento,
muriendo en la soledad de la nada misma
que cubre mí ser desde tu partida..

Las calles apenas iluminadas
se muestran más obscuras,
más negras, más frías como sí las sombras durmieran
sobre ellas ,
ancladas infinitamente en el áspero cuerpo
sometido a los caprichosos caminantes,
que diariamente las pisotean,
sin culpas , sin ningún tipo de reproches.

JUAN ARÉVALO




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