
Amontonados uno sobre otros
los relojes envejecen, huérfanos de tiempo.
Cruel paradoja , siniestra verdad,
la vida arrebatada por el silencio de la muerte...
Caminos infinitos, desnudos cuerpos,
impiadosos avernos de codicias.
Las lágrimas del viento
acarician los corazones de los condenados.
JUAN ARÉVALO
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