jueves, 17 de diciembre de 2015



Nada sabía, nada podía saber. El silencio era más aterrador que
de costumbre , una tenue luz y la ventana a medio abrir.
Una cama desnuda y sobre ella la niña que se peina una y otra vez.
Tan tierna, tan tremendamennte tierna , canta mientras manipula
su cepillo , canta y ríe , ríe y llora y desaparece una y otra vez.
Un golpe y la puerta que se habré , un rostro desconocido
y una voz que la apresa , su alma ya no le pertenece , su cuerpo
desnudo lleno de cicatrices ya no es más que un cuerpo perdido
vagando dentro de un obscuro y frío laberinto...

JUAN ARÉVALO.

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