
La noche la encontró dormida
sobre un frágil lago de cristal
beso con cuidado su rostro,
la envolvió en su eterno
y suave vientre ,
lecho eterno de silencios.
En su sueño, nívea se volvió
tan hermosa como sutil
renovó en luna menguante
dormida en lo infinito
hasta que el nuevo día
suavemente la acaricio
despertandola
como despierta a la flor
besando uno a uno sus cristalizados pétalos ...
JUAN ARÉVALO
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