CARTAS PARA LUCIA
Ya no puedo estar lejos de vos, el aroma de tu perfume
me llega de todas partes, me aferra a tu suavidad y
me arrastra hacía tu cuerpo volviéndome apresar como antes.
¡No!, puedo estar lejos de vos. Miro a los costados, no
veo más que lugares visitados por nosotros cuando
éramos jóvenes, la esquina, el café, la plaza, la catedral
y la vieja estación de trenes que hoy es tan solo una
melancólica ruina, que hiere profundamente, que es difícil
no dejar una lágrima.
¿Te acuerdas cuando en aquel viejo coche nos desvestimos apresuradamente e hicimos el amor? Qué tontos, qué manera de hacerlo, tú en el asiento trasero te reías, noté un miedo acompañado de un pequeño temblequeo, te sujeté fuertemente con mis brazos, mientras iba entrando dentro tuyo, lloraste, por primera vez me di cuenta de cual frágil eras.
Que libres y apresados éramos, la facultad, esa sensación de cambiar el mundo, poetas que se iban dando a conocer,
revoluciones, sueños que encendían la piel, la primera marcha, las primeras corridas, el amor y el silencio de las miradas cuando todo parecía perdido, la cabeza apoyada contra la ventana mirando el viento, la lluvia, sintiendo el dolor de la ausencia, pero al otro día una esperanza nueva renacía y los silencios se volvían acelerados murmullos, los rostros volvían a reír, el mundo estaba cambiando, es cierto, tú y yo algo teníamos que ver.
Ahora lejos de aquel tiempo un tango se escucha, su letra habla de una mujer que se fue a buscar otros horizontes y que un día regresó vencida, avejentada, la escuchó, me quitó los anteojos, refregó mis ojos.
—¡La pucha que te extraño !,— me vuelvo a colocar los anteojos, prendo un cigarrillo, doy una pitada, exhalo profundamente el humo, me muerdo los labios y lentamente retomo el camino, el humo del cigarrillo me da de lleno en el rostro como una nube gris que se va deshaciendo, al igual que la ciudad que conocimos.
JUAN ARÉVALO
No hay comentarios.:
Publicar un comentario