sábado, 1 de octubre de 2016


La noche se enciende
cae el muro de la discordia
todos son iguales, no hay diferencias.
El aire huele a muerte,
las cosechas se arruinaron,
la ácida lluvia fermenta la miseria.
Bombas y gritos,
rostros ensangrentados
niños pobres padeciendo el odio del poderoso.
La ciudad es una jungla,
no hay sitio donde esconderse,
montañas de escombros murmuran nombres
bajo tu cielo nocturno.
El ciprés arde en llamas,
el infierno emerge de la tierra,
el infierno surge de los cielos,
el infierno está en tus ojos
el infierno está en tu ser.
El aroma de las balas penetra tu nariz
tu piel, tu codicia, tu estupidez humana.
Querías el mundo y el mundo te aborrecía.
Querías tu monumento,tu rostro en monedas,
tu catedral de dios único.
Querías reverencias, te dijiste dios
y destruiste el edén, ya no hay frutos,
solo una inmensa soledad devastada.
Tu cielo nocturno, destella agonías
tu ignorancia fue más grande que tu ímpetu
por ser llamado señor, soberano, rey.
Ahora estás sufriendo tu propia maldad,
ya no tienes a nadie que se arrodille ante ti.
La noche se enciende, tu cielo nocturno
carece de esperanzas y lunas,
ya no tienes más que una lágrima
rodando por tus mejillas,
en medio de la gran desolación, que tú mismo
has construido.

JUAN ARÉVALO.







No hay comentarios.:

Publicar un comentario