lunes, 31 de octubre de 2016
El aire huele a margaritas y las margaritas huelen a ti.
Se desprendió el último rocío de tus labios,
titilaron absortas las estrellas,el infinito abría sus puertas.
Se filtraron las palabras y sobre una hoja de álamo,
escribieron tu nombre, pero vino el otoño y desprendió
la hoja y la lluvia destiñó los recuerdos.
Aunque también es cierto, que no fue culpa del otoño ni de la lluvia,
ni tuya ni mía, solamente paso, estaba marcado en los calendarios
y es mentira que no duele, pero lo verdadero no se puede ocultar.
Humedeció la tarde, todos marcharon en silencio.
Agitaba sus alas la mariposa,ignorándonos bebía de la flor y a metros
un capullo yacía vacío y olvidado.
JUAN ARÉVALO.
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