lunes, 10 de octubre de 2016
Esto de vivir se está volviendo doloroso.
Los días se alargan demasiado, mucho para mi gustó.
Toda está tendencia a lo superficial, esa lucha colectiva
de quién es mejor y resaltar siempre los errores ajenos
como sí los nuestros fueran verdades universales.
A veces creo que de nada sirve la honestidad, que de nada
sirve ser benévolo, que todo es una gran mentira y que
las esperanzas son actos fallidos de nuestras muertes pasadas.
Hoy, los relojes están siendo indiscriminadamente atacados
por las ignorancias y los prejuicios. Las horas se están tiñendo
de odios y la violencia presume su liderazgo sobre la tolerancia.
He caído brutalmente sobre los rotos espejos que reflejan por
retazos las impurezas más brutales de cada ser humano.
Voy entre lágrimas removiendo las cenizas de mi pasado entre los
filosos cristales, buscando las partes perdidas que forjaron mi ser.
Ahora no soy más que un cuerpo vacío, un cuerpo abatido por las voces
de los anónimos, de los invisibles que sufren las embestidas de los
que se fueron haciendo visibles a costa de ellos, de nosotros, de mí.
JUAN ARÉVALO.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario