martes, 18 de octubre de 2016


Caminar despacio entre los recuerdos,
contemplar la luna que nos embriagó para siempre.
Retener en el alma, los vividos momentos,
tu voz, el aire mustio de la madrugada
y el trinar suave del pájaro herido
que a medida que el tiempo transcurría, fue envejeciendo a nuestro lado.
El mar que susurra en el silencio de mis días
dejando en la piel el sabor salado de su espuma.
Viento frío, esperanzas rasgadas por las garras del olvido,
esperanzas que aún no han nacido y ya son veladas por las esperas
huérfanas de ti.
Desprender de los ojos de los cielos, destellos infinitos
y en ellos dibujar tu cuerpo con mis dedos entumecidos
como temblorosos por el miedo de que un día ya no me pronuncies.
Sentir en mi pecho el vacío de los años,
el dolor de los colores desteñidos por el aguacero de lágrimas
y el melancólico vaivén de la muerte.
Caminar descalzo sobre las espinas del tiempo,
renacer en el ocaso último de tus días y abrazar tu ser y hacerlo mio
hasta que la nada nos vuelva un suspiro eterno y trasparente.

JUAN ARÉVALO.

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