Yo no quiero verte triste. No quiero que tengas en los
ojos el olvido de los muertos, ni en tu piel el dolor de
los vivos. Te amo en tu camisón, en tu silla mecedora
en tus locuras de jardines sin flores. Te amo ahí, en ese
lugarcito donde no hay luces de colores ni estrellas fugitivas.
Te amo en tus faltas, en tus diluvios nocturnos, en tus pesadillas
diarias, en tus caricias frías.
Yo no quiero que te desvistas, ni que me mires con una sonrisa.
No quiero que te despojes de ti misma solo para complacerme.
Es cierto, no quiere verte triste, no quiero verte sumida en silencios
inmóviles, esos silencios que nos rompen en pedacitos y nos esparcen
como una sutil lluvia de cristal. No quiero verte triste, solo quiero cargar con tu alma
en mi espalda y llevarla a cabalgar por esos ríos de locuras que nos hacían
tan bien. No quiero verte acurrucada en el rincón de los recuerdos, como
buscando la salida del pasado. Siempre volvemos cuando estamos mal,
siempre volvemos a recordar lo que más queremos y lo que más nos hiere.
Pero hoy el día está nublado y hace frío, así que no me hagas caso.
Cerraré la ventana, para que el sol el y el calor pasen desapercibidos
una vez más.
JUAN ARÉVALO.
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