lunes, 3 de octubre de 2016
Ven, vamos a nadar desnudos en medio de los recuerdos.
No temas, nada nos lastimará, lo vivido está arraigado en
la piel.
Tienes el rostro cubierto de ausencias, las horas nunca se detienen,
no hay lugar donde podamos llorar sin que nos vean.
Ven, háblame de los otros, del otoño y sus miserias.
Ven, háblame de los barcos que se quedaron varados en medio del océano.
Amor, siento una sensación extraña, un dolorcito en mi pecho, en mis
manos. Nuestra memoria retiene cada paso que dimos, cada palabra
que dijimos y el incesante peregrinar de nuestras esperanzas.
Un cuaderno con hojas desprendidas yace olvidado en medio de la
mesa, junto a él descansan los momentos más felices que supimos
disfrutar.
Hay un fondo negro, un vacío esperando ser alimentado. Los recuerdos
tienen algo de presente y de futuro, las nostalgias, el cansancio y el miedo.
Somos solo tú y yo. La vida es una repetición absurda, todo lo que ayer
fue, dentro de unos meses volverá hacer y así infinitamente.
Nademos desnudos, no tenemos tiempo de vestirnos.
Estás ahí, dormida,soñando libremente, contando cristales que evocan el brillo
que hemos perdido.
Estás ahí, ociosa, hermosa, necesaria. Estás ahí camuflada de vida intentando pasar
desapercibida, simulando ser una mujer casta, sin codicias, sin remordimientos.
Si fuera más caballero taparía tu espalda, cobijaría tu desnudez con las sábanas.
Pero tan solo soy un hombre, que duerme a tu lado cada noche que puede romper
la distancia para renacer una vez más en el rojo fuego de tus labios.
JUAN ARÉVALO.
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