Me has devuelto la vida,
la identidad, las ganas de amar.
Me has sacado del la oscuridad y me has dado la luz de tu mirada.
Te has vuelto la esperanza que había olvidado
y en los descuidados jardines de mis horas,
has dejado tu perfume de mujer, de amante, de amiga, de señora elegante.
Fue tu cordura vestida de locura, tus años de experiencia
tus manos tibias y el beso húmedo de tus labios.
Fue tu esencia pura, tu casto cuerpo de esmeralda,
de luna, de divinidad humana, de niña ingenua que ha desempolvado
mis huesos, mi carne, mis latidos que habían renunciado a la vida.
Ese polvo, que de apoco fue cubriendo de abandono mi casa
y mi alma.
Fuiste tú quien me devolvió el sabor y el tacto, la visión y el sonido,
el amor y el rocío matutino, donde la vida nace cada día.
JUAN ARÉVALO.
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