martes, 4 de octubre de 2016


Te has dignado a no matarme enfrente de todos, me has tenido
respeto y creo que hasta te has enternecido, y eso es algo que jamás
pensé que pasaría.
No digo que no tengas corazón, lo tienes y es inmenso. Pero
después de todo lo vivido en este último tiempo pensé que ya nada
quedaba dentro tuyo para mí.
Ahora que sé que aún me tienes cariño puedo decirte
que todo este tiempo a tu lado, fue verdadero. Te diría que no hay
nada que reprochar. Después, el amor es otra cosa. El tiempo viene,
desesperado hurga todo,desparrama impiadosamente los sueños y las
esperanzas y así nos vamos quedando solos.
La convivencia, el conocernos más profundamente, la rutina diaria,
el escote demasiado expuesto y mis borracheras, fueron empañado todo.
A veces contemplo la casa, miro cada rinconcito,me encojo de hombros,
acaricio tu pelo con mis dedos en la invisibilidad de la tristeza,como si
aún estuvieras frente mío, armonizando las horas con tu rostro limpio
de maquillaje,tan solo tus ojos, tu nariz, tu boca, tus labios, tu mentón y
el rojizo natural de tus mejillas.
El amor, ese maldito silencio que un día nos envolvió con sus risas
y miradas, ese silencio que fue creciendo en nuestras almas, tú llorabas,
yo balbuceaba incoherencias, mi garganta afónica, mis palabras rasposas
te fueron enamorando. Te fuiste acercando a mí, con dudas, con miedo, con
la necesidad de saber si yo era realmente, ese hombre libre que se mostraba
desnudo ante la vida, ante la muerte.
El silencio, el amor es un breve silencio que nace de la piel y se va proyectando
en el pensamiento, como una feroz tormenta, como una feroz nevada que
va blanqueando todo, incluso la oscuridad.
Pero ese tiempo, ese silencio se fue debilitando, los murmullos fueron habitando
esa inmensidad. Inmensidad que nos carcomió el pellejo, y algunos huesos.
Todo se fue destiñendo, la tormenta ceso, la nevada se fue apaciguando, se hizo
agua, lágrimas, temblequeo, discusiones. El sonido pudo más que el silencio
que habíamos construido.
Me has dejado vivo, agonizante pero vivo. Me has dado la chance de nacer
una vez más en otros brazos, en otro cuerpo, en otros páramos.

JUAN ARÉVALO.

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