martes, 4 de octubre de 2016


No es otra cosa, que la noche
suprimiendo el día,
y con él toda vida, toda existencia
que se diga verdadera.
Violentamente surge la contradicción,
etapas que aún no han sido vividas
yacen muertas en frágiles capullos de olvidos.
Indiferentes capullos,
a las sutiles caricias de la primavera.

JUAN ARÉVALO.



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