jueves, 6 de octubre de 2016


Descubrir el miedo a vivir y de él depender sin la necesidad
de atarnos a la insensibilidad de la rutina diaria.
Cuando más miedo encontramos en nuestras existencias, más
fuerte nos vamos volviendo. El amor es un miedo que comienza
en la piel erizada y continua por la espalda hasta llegar a nuestros
pensamientos y ahí se queda, permanece inmóvil pero inquieto.
La contradicción es su alma y en ella divagan los sentimientos
más nobles, esos que uno va descubriendo a medida que se va
adentrando al abismo de las risas y las caricias.
Descubrir en tu rostro mi reflejo, mi otra mitad, esa gratuita gradualidad
que nos van alejando de nuestras raices, de nuestros primeros pasos.
Sentir el miedo de abrazarte y perderte al mismo tiempo.
De hacerte pequeña y beberte en mis insomnios, como un café
caliente que huele a nostalgias y a heridas siempre sangrantes.
Tener esa actitud frontal, demoledora a la hora de la verdad.
Descifrar los acertijos que nacen de tu vientre, como panaceas
falsas, como hilado de sueños rotos.
Del miedo nutrimos nuestras fuerzas, del miedo nos alimentamos,
y en el miedo nos amamos, nos deshacemos de apoco, como
sí el mañana nos encontrará despiertos, con los ojos bien abiertos,
sin sueños, sin la respiración alterada, sin las lágrimas que hacen
al verdadero instante de la reciprocidad.

JUAN ARÉVALO.

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