domingo, 30 de octubre de 2016
Toda una vida buscando pequeños cangrejos.
Siempre tendido sobre la arena, con las manos
extendidas. Diminutas formas se balancean sobre mi cabeza.
Intento fallido, el sermón de la tarde, las viejas que acechan
desde las ventanas,interrumpiendo el silencio.
Viejas de delantales rotos y ruleros negros. Historias que fueron
cubriendo el ancho mar ,que fue secándose,a medida que fui creciendo.
Pequeños cangrejos, siempre caminado de costado, simulando
no entender lo que pasaba en ese momento. Hilos y agujas, diarios
viejos amontonados en un rincón de la mesa de luz.
Vientos fuertes. Mamá sentada, mateando en silencio.
Frío. Pablo y sus sueños, el mundo se ha roto los cristales
han herido a las esperanzas y el ruido que una vez me hizo feliz
hoy me recibe, como si fuera un desconocido.
Llovizna melancólica. Carmen vistiendo el verano, ese, que a veces
nos hace olvidar que hay un invierno.
Siempre buscando pequeños cangrejos a la orilla del mar, entre
las piedras de las escolleras. Ahí, donde nadie jamás pudo verme,
camuflado entre el musgo y la ausencia, entre la sal y el miedo
sí, ahí estoy yo, aún conservo mi pequeña red. Red que lastima,
red que me envuelve y no deja que me aleje.
JUAN ARÉVALO.
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