lunes, 29 de febrero de 2016



Siento la risa de los que nunca rieron,
me pierdo en sus ojos vacíos y me alimento de sus tristezas.
Mi rostro tiene el dolor del tiempo
y las espinas del rosal que guardan los viajeros sin rumbo.

Soy el último explorador de las estrellas muertas,
mi cielo no tiene lunas ni farolas,
solo nubes negras que lloran recuerdos en las dunas pintadas
de mis esperanzas, arrugadas por el frío invierno.

Mis ojos , cuencos rebalsando el húmedo dolor
de la soledad, blanca paloma herida muerte.

Vocablos mudos, diáfanos corazones desangrando abecedarios,
ritual pagano condenado por los falsos eclesiásticos.
Niño avejentado, hombre con sabiduría de niño,
poeta de lágrimas, vuelo en aviones de papel cuando nadie me ve.

Soy sólo un anónimo. Un silencio perdido en la lumbre de una vela.

JUAN ARÉVALO.








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