miércoles, 10 de febrero de 2016
Cartas para Lucia
Hoy es viernes y las calles huelen a perfumes baratos, los jóvenes tomados
de las manos van y vienen, ríen y gritan descontrolados...Se aman, se necesitan
se contagian uno al otro el deseo crudo de vivir, y yo, yo mirando por este gran
ventanal mientras el café se enfría solitariamente, huérfano de tiempo...
Lucia, hay una tremenda dicha en las miradas de esos jóvenes, quienes se
besan frente mio, en donde el cristal empañado por mi aliento escribe tu nombre
aunque solo yo lo veo, aunque solo yo lo siento.
Ya no puedo seguir mintiéndome, ya no puedo sostener
esta vida. El dolor me consume, mi piel se ha arrugado, mis ojos ya no
pueden mirar más allá de unos cuantos metros, metros que se vuelven
centímetros, centímetros que se desvanecen en la nada.
Mi memoria ya no retiene al tiempo, me olvido de las cosas, me pierdo
en las calles, me olvido de los cumpleaños y me refugio en tu cuerpo
de flores silvestres que perfuman mis horas, solo de ti me acuerdo,
solo a ti retengo en mi memoria.
Me siento niño, mis ojos se humedecen, mis piernas se acalambran,
mi corazón se acelera se calma y se vuelve acelerar. No, no puedo
adentrarme a este cambio, a este modernismo, sin ti no puedo ver
la vida, no puedo escucharla, no puedo amarla.
Lucia, hoy es viernes,las calles huelen a alcohol y a tabaco, el aire
se tiñe de gris, el cielo amenaza con lluvias, así como la noche
en que nos desnudamos y cantamos bajo el aguacero, en el patio
trasero de casa, el cual se ha muerto desde tu partida.
Hoy es viernes, la libertad renace del asfalto, se libera como
se liberan los pájaros de sus polluelos una vez que han aprendido
a volar. Yo no sé volar, ya he olvidado el vuelo, mis alas se han
entumecido, la vejes y el silencio la han atado a la melancolía de tu
muerte...
JUAN ARÉVALO.
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