domingo, 14 de febrero de 2016


Lucia, la noche me invada este día. Bajo este sol la obscuridad me invade.
He dejado de sentir lo que todos sienten. El corazón se detiene, de apoco  se va deteniendo.
Será esta mí última carta, mí última llamada al recuerdo. Me siento invisible
entre los paseantes, ya no soporto esta agonía de vivir muriendo.
Dejaré esta tonta manía de escribir incoherencias que solo tú entiendes.

Te fuiste a juntar rosas blancas al otro lado del valle, cruzaste los ríos de las sombras
y ya no volviste. Que profunda tristeza, el mar se ha paralizado, se ha secado el
abeto que refugiaba tus lecturas...

Nunca pudimos entender el mundo, siempre fuimos descuidados...
Te ame con locura y aún te amo. Se me humedecen los ojos, tengo frío. Te extraño tanto.
No tengo a nadie, paseo siempre en solitario,bajo la luz de las farolas, bajo la luz de la luna, bajo el silencio de la noche estrellada y sin estrellas. Camino siempre a ninguna parte, mis manos
en los bolsillos del viejo camperón de cuero gastado y desteñido por el tiempo y la espera.
Miro el suelo, río, suspiro , me detengo en una esquina cualquiera, prendo un cigarrillo y sigo
caminado mientras autos y colectivos pasan delante mio. Me inclino de hombros, levanto la vista
me acomodo los anteojos y sigo caminando . Mi rutina diaria, pero no sé por qué te cuento lo
que hago, sí sé que tú me ves.

Pero hoy detendré las horas. Hoy caminaré por ese valle , por ese misterioso camino
de ida sin vuelta en donde la vida sucumbe ante la Muerte.

Lucia espérame entonces, porque llegaré pronto y volveremos a sentirnos como antes
y haremos el amor y cantaremos y jugáremos libremente , desnudos sin preocuparnos
por las apariencias. Tus cabellos estarán sueltos cubriendo tu rostro, tus pecas, tu nariz.
Me abrazarás y con lágrimas me dirás cuanto me quieres y yo secaré tus lágrimas besaré
tus labios y buscaré tus pechos para llorar desconsoladamente. Seremos tú y yo ganándole
a la muerte, bajo una lluvia de pétalos y un inmenso sol...

Perdóname, sí fallo en algo y nuestros caminos se bifurcan. Perdóname si no llego a tiempo,
si la lluvia de pétalos se desvanece junto a las esperanzas y el silencio se vuelve más profundo,
hasta hacer de la tierra que cubre tu bello cuerpo un páramo dentro de otro páramo. Perdóname
sí mi promesa no se cumple.

Ya es hora de migrar, no llevaré maletas ni relojes tampoco mis libros ni la pluma que
me has regalado. No llevaré nada. Solo me vestiré para desvestirme no de ropajes, sí de cuerpo.

Lucia, no tengo miedo yo he muerto el día que cerraste tus ojos para siempre.

JUAN ARÉVALO







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