Estás sombras que hoy me envuelven
mañana ya no estarán.
El hoy me lastima, me clava lentamente
su tristeza, como una pequeña daga oxidada.
Solitaria. Menguando casi hasta morir.
Los días se acumulan en un mustio atardecer
mis alas me pesan, mis sueños se esfuman...
Solo déjame ir, como se van las mareas
llevándose con ellas las arenas de la playa moribunda,
en la cual me encuentro deshaciéndome en lágrimas.
Estás horas me apuñalan con sus relojes de hojalatas
giran sus agujas cruelmente sobre mis nubes de ausencias,
llueve no llueve, la distancia me hiere...Ya no siento ganas de reír .
Llueve en los ojos del muerto crepúsculo
lápida sin nombre, dolor agónico pintando el atardecer.
Taciturna el alma, envejecido cuerpo
la magia se perdió en los sutiles labios del destino.
Ya no hay palabras, el tiempo se ha vuelto páramo.
Mañana ya no lo será y el pasado ha de concluir, cuando muera el alba
asesinada por la impiadosa luz del día.
Soledad que ya no dolerá...Ya no dolerá....Ya no dolerá.
JUAN ARÉVALO

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