jueves, 4 de febrero de 2016
Caminar descalzo sobre el frío asfalto,
ir descubriendo las miserias que no se ven,
esas que están camufladas por sonrisas bien afiladas,
esas que están esperando en silencio victimas nuevas.
Despertar de la siesta una tarde de sol
y mirar por la ventana a los niños jugando,
en el medio del barro, en medio de la nada,
en donde las horas no pasan y el destino es solamente una palabra.
Caminar descalzo sobre granitos de arena,
que el viento arrastra lentamente,
como se arrastra un cuerpo muerto
después de una cruenta batalla...
Cerrar los ojos y desaparecer en los oleajes invisibles
que van y vienen como corceles desbocados,
apretar los puños y gritar fuertemente en silencio
desanudando la garganta...astillando los espejos del alma,
¿ para que tantos reflejos en medio del abismo...?
Abrir los ojos y ya no estar en este presente,
vagar los valles del otro lado, contemplar la vida desde un rincón,
agazapado en la obscuridad, desvanecerse de a poco,
como se desvanece la lágrima en medio del desierto...
JUAN ARÉVALO.
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